Todo ser humano desea ser bello, independientemente de que sea joven o viejo, hombre o mujer. El anhelo de la belleza física, y la capacidad de reconocerla, parece arraigado en lo más profundo de la psique humana. Dos de los parámetros comunes de la belleza son la armonía y la proporción. De manera innata, los lactantes reaccionan alegremente ante un rostro amable y lloran cuando ven expresiones feas o distorsionadas.
Cada civilización ha tenido y tiene su patrón de belleza a seguir.Infortunadamente, en esta época la búsqueda de la belleza es una obseción imparable, todos quieren "verse bien", para lo cual acuden al maquillaje y al vestuario y, si esto falla, al cirujano plástico.
La televisión tiene mucho que ver en esta búsqueda desesperada por ser bellos. Las fulgurantes imágenes de jóvenes, mujeres y hombres, que se convierten en modelos a seguir para los millones de personas que les miran y admiran, soñando con poder parecerse a ellas y a ellos. Reforzando la creencia equivocada de que la belleza comienza y termina en la piel, en la apariencia exterior.
Equivocadamente nos hemos convencido de que podemos encontrar la eterna juventud en un frasco de crema, en una cirugía plástica o que podemos liberarnos de una enfermedad por medio de un sin fin de píldoras. Somos renuentes a modificar nuestro régimen alimenticio o deshacernos de unos cuantos hábitos nocivos, en lugar de preferir hábitos que favorezcan, sin más, un estilo de vida saludable que ayudan a prevenir el aparecimiento de enfermedades.
Por tanto hay que estar alerta al ofrecimiento de "drogas maravillosas" que supuestamente curan los problemas de la piel, eliminan las arrugas, frenan el envejecimiento y nos hacen ver de maravilla. Lo que se debe entender es que la belleza duradera no está afuera de nosotros, sino que emana de los más profundo del cuerpo y de la mente. Una persona que irradia total serenidad desde lo más hondo de su ser, también se verá radiante por fuera.
El secreto de la belleza absoluta es vivir en armonía con nuestra propia naturaleza o constitución, con las personas que nos rodean y con la naturaleza. Para ello es importante conocer nuestro cuerpo y aprender a reconocer los mensajes que nos envía, ya sean de satisfacción o de insatisfacción. Cuando nos sentimos satisfechos, nuestro cuerpo se manifiesta con sensaciones de plenitud, de alegría y de paz. Cuando estamos insatisfechos habrá presencia de angustia, ira, frustración y hasta dolor.
Al reconocer y tener conciencia de cualquiera de estas manifestaciones , en especial aquellas que nos indican insatisfacción, podremos actuar y revertir positivamente este malestar. De qué manera: en primer lugar una alimentación sana, en segundo lugar ejercicio adecuado y ejercicios de respiración, y en último lugar, y no por eso menos inportante, meditación y técnicas de relajación.
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